Elogio al Campesino
Elogio al Campesino
En la cuna del alba, cuando el sol va a nacer,
se levanta el campesino, con su fe y su saber.
Sus manos, tierra viva, esculpidas de labor,
despiertan cada semilla con ternura y sudor.
El arado traza sueños en el campo y la colina,
cada surco es promesa de una vida genuina.
Bajo el cielo inmenso, que es su techo y su guía,
cultiva el alimento que nos nutre día a día.
Soporta el viento fuerte, la sequía y el aguacero,
su esperanza no se rinde, su temple es duradero.
Observa la semilla germinar en el sembrado,
y en cada nuevo brote, su esfuerzo es recompensado.
No hay riqueza más grande que la tierra entre sus dedos,
ni verdad más profunda que el fruto de sus ruegos.
Es el guardián humilde de la vida que florece,
el corazón del campo, que con fuerza engrandece.
Por su trabajo digno, por su don de humanidad,
¡honor al campesino, columna de la sociedad!
Que su legado perdure, su nobleza sin igual,
el pilar que sustenta nuestro mundo vegetal.

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